Internacional

Justicia pendiente para las “mujeres de consuelo” de la Segunda Guerra Mundial – Diario Las Americas


Al conversar con su homólogo surcoreano, Park Jin, la ministra de Exteriores de Japón, Yoko Kamikawa, dijo este domingo que Tokio lamentaba que un tribunal de Seúl, Corea del Sur, fallara a favor de las ex “mujeres de consuelo” en su búsqueda de compensación frente al Gobierno nipón.

El pasado jueves, el Tribunal Superior de Seúl emitió una sentencia que favorece a esas víctimas. Lo hizo negando la aplicación del concepto de “inmunidad soberana”, el cual, según el Derecho Internacional, establece que un Estado no puede ser juzgado en un tribunal de otro país.

El hecho fue criticado por Kamikawa, refiriéndose al mismo como “extremadamente lamentable y absolutamente inaceptable”. De ahí que pidiera a Corea del Sur “tomar inmediatamente medidas apropiadas para remediar el estado de sus violaciones del Derecho Internacional bajo su propia responsabilidad como país”.

Un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores de Corea del Sur reveló a la agencia Kiodo que el ministro de Exteriores Park Jin insistió en la importancia de “restaurar el honor y la dignidad de las víctimas”. No obstante, Jin dijo a Kamikawa que Corea del Sur “respeta” un acuerdo bilateral de 2015 donde se plantea que ese tema quedó resuelto “final e irreversiblemente”. Pero pidió una colaboración de ambos lados para apoyar a esas mujeres.

El pasado constante

El término “mujeres de consuelo”, o también “mujeres de solaz”, fue un eufemismo que usó el ejército imperial japonés para referirse a sus esclavas sexuales.

Según ThoughtCo, se discuten las afirmaciones de cuántas fueron esclavizadas con fines sexuales y cuántas simplemente fueron reclutadas como prostitutas. Las estimaciones del número de “mujeres de solaz” oscilan entre 80.000 y 200.000.

mandato de reclutamiento de mujeres, escrito por la autoridad japonesa. Dominio público/Army Ministry of Japan

El mandato de reclutamiento de mujeres, escrito por la autoridad japonesa, 4 de marzo de 1938.

Dominio público/Army Ministry of Japan/Creative Commons

Varios informes revelan que el ejército japonés comenzó con prostitutas voluntarias en las zonas ocupadas de China alrededor de 1931. Las “estaciones de confort” o “estaciones de consuelo” se instalaron cerca de los campamentos militares como una forma de mantener ocupadas a las tropas. A medida que los militares ampliaron su territorio, recurrieron a las mujeres esclavizadas en las zonas ocupadas.

Muchas de las mujeres eran de países como Corea, China y Filipinas, Tailandia, Vietnam, Malasia, Taiwán, Indonesia y otras regiones ocupadas por las tropas imperiales.

Los supervivientes han informado que originalmente se les prometieron trabajos como cocinar, lavar la ropa y cuidar para el ejército imperial japonés. En cambio, muchas se vieron obligadas a prestar servicios sexuales.

Las mujeres fueron detenidas junto a cuarteles militares, a veces en campos amurallados. Los soldados las violaban, golpeaban y torturaban repetidamente, a menudo varias veces al día. A medida que los militares se movían por toda la región durante la guerra, las mujeres eran llevadas consigo y a menudo trasladadas lejos de su tierra natal.

Los informes van más allá al decir que cuando los esfuerzos bélicos japoneses comenzaron a fracasar, las “mujeres de consuelo” quedaron atrás sin consideración alguna.

Las mujeres jóvenes en los países y regiones bajo el control del Imperio japonés eran secuestradas de sus casas. En muchos casos se les engañaba con la promesa de trabajo en fábricas o restaurantes y, una vez reclutadas, eran encarceladas en “estaciones de consuelo” en países extranjeros. Otras mujeres fueron detenidas a punta de pistola, y algunas, después de ser violadas fueron llevadas a “estaciones de consuelo”.

Mujeres de consuelo cruzando un río siguiendo a soldados. Dominio público/Creative Commons

“Mujeres de consuelo” cruzando un río siguiendo a soldados.

Foto: Shin Gisu, Eiz ga kataru “Nikkan heig” shi: 1875-1945 (Dominio público/Creative Commons)

Como explicó Peter J. Herzog en su libro Japan’s Pseudo-Democracy, la autoridad japonesa estableció una regulación estricta del horario, con aproximadamente 8-10 horas o más de trabajo diariamente. Las mujeres deberían proveer el servicio sexual desde la mañana hasta las seis o siete de la tarde para los soldados y luego para los oficiales de alto rango. Muchas fuentes señalan que aunque existían horarios, los militares visitaban la estación todos los días sin dar una oportunidad de descanso, llegando a tener encuentros con 70 u 80 hombres al día. La subcomisión estadounidense sobre los asuntos exteriores de Asia-Pacífico escribe sobre testimonios de las sobrevivientes que las mujeres trabajaban toda la noche y fueron ocultadas cerca de la estación, llorando con otras niñas que estaban por perder la virginidad.

La declaración de Jan Ruff O’Herne, una de las “mujeres de consuelo”

Jan Ruff O’Herne fue una víctima de explotación sexual también. En el año 1990 testificó frente a un comité de la cámara de representantes de Estados Unidos.

“Muchas historias se han relatado acerca de los horrores, crueldades, sufrimientos y el hambre de las mujeres holandesas en los campos de prisioneros japoneses. Pero una historia nunca fue contada; la historia más vergonzosa, la de los peores abusos de los derechos humanos cometidos por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial: la historia de las mujeres de solaz, las ianfu jugun, y cómo estas mujeres fueron capturadas por la fuerza y en contra de su voluntad, obligadas a prestar servicios sexuales para el Ejército Imperial Japonés. En el llamado centro de solaz, yo fui golpeada y violada sistemáticamente día y noche. Incluso el médico japonés me violaba cada vez que visitaba el burdel para examinarnos de enfermedades venéreas”.

Jan Ruff O’Herne mujeres de consuelo – Dominio público/Australian War Memorial/Creative Commons

Fotografía de Jan Ruff O’Herne, tomada poco tiempo antes de que ella, su madre, y hermanas, y miles de otras neerlandesas y niños fueran internados en Ambarawa (en Indonesia). En los meses subsiguientes, O’Herne, junto con otras seis mujeres neerlandesas, fueron violadas, día y noche, por el personal militar japonés.

Dominio público/Australian War Memorial/Creative Commons

Según detalló Jan Ruff O’Herne, a su llegada al burdel le tomaron una foto, así como a las otras. Con esas fotos los japoneses las elegían. Por varios meses las mujeres junto a las que estaba eran golpeadas y violadas; de hecho, a veces quedaban embarazadas y las obligaban a abortar.

Además, O’Herne destacó que las amenazaban con contar lo que había ocurrido en los burdeles, con la promesa de que en caso de hacerlo matarían a sus familiares. Su pesadilla terminó el 15 de agosto del año 1945, cuando el campamento donde estaba fue liberado.

En las letras

Vale destacar que en el libro Hierba, una novela gráfica publicada por Penguin Random House en 2022, la autora Keum Suk Gendry-Kim cuenta la historia real de una superviviente, Lee Ok-Sun, que fue entrevistada por la escritora mientras estaba en una residencia de ancianos.

La coreana Lee Ok-Sun fue vendida a varias familias adoptivas hasta la ocupación japonesa, y en 1942 la llevaron en contra de su voluntad a una base aérea en China. Durante la Guerra del Pacífico, la joven fue explotada como “mujer de consuelo”.

Justicia para las ex “mujeres de consuelo”

El trato que se les dio a estas mujeres en los burdeles militares de Japón es el detonante de quienes demandan una compensación por parte del Gobierno de Japón. Pero este considera que se trata de un caso cerrado y se opone a ofrecer compensación alguna.

Entre sus argumentos, el Gobierno japonés plantea que los asuntos relacionados con su colonización de la península de Corea (entre los años 1910 y 1945) ya fueron resueltos “completa y definitivamente”, como parte de un acuerdo bilateral firmado en 1965. Además, subraya que en 2015 otro acuerdo dejó resuelto el caso de las “mujeres de consuelo”.

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FUENTE: Con información de Europa Press / Japan’s Pseudo-Democracy / Penguin Random House



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Ana Silva Cordero

Navegando por las corrientes de la información con pluma en mano y pasión en el corazón, soy Ana Silva Cordero, una Experta en Composición de Artículos que convierte ideas en historias cautivadoras. Mi paso por la Universidad Complutense de Madrid afinó mi pluma con el pulso de la sabiduría. Como una tejedora de palabras, mis escritos viajan desde las noticias internacionales hasta los entresijos de la política global, desde los engranajes de la industria automotriz hasta los horizontes de los medios digitales y, con una pasión que late en mi ser, hasta los compases de la música. Cada palabra es una pincelada en la tela de la autenticidad, entrelazada con la fibra de la transparencia. Únete a mí en este viaje donde las letras se convierten en emociones, donde la política mundial se entrelaza con la velocidad de la industria automotriz y donde los acordes musicales nos guían en cada página.

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