Historia

UPAEP: 50 años de historia universitaria | Los tiempos idos – El Sol de Puebla


Hasta la primera mitad del siglo XX, el Colegio del Estado (hoy BUAP) era la única institución de estudios superiores en la Angelópolis y era controlada por el gobierno.

En ella convivían estudiantes con diferentes creencias e ideologías, y aunque predominaban los de carácter liberal, comenzaron a ingresar alumnos con una sólida formación católica. Estos estudiantes crearon un movimiento que le dio autonomía a la universidad en 1956. Pero en 1961, el comunismo llegó a Puebla con el objetivo de controlarla e implementar el régimen marxista.

Después de 12 años de lucha y resistencia, los integrantes del movimiento abandonaron las aulas para fundar una nueva universidad con apoyo en sus maestros y la sociedad en su conjunto. En mayo de 1973, inauguraron la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), que en ese momento no contó con validez oficial.

Ruptura y origen

Durante la primera mitad del siglo XX, la única institución de estudios superiores que había en la Angelópolis era el Colegio del Estado, que en 1937 se convirtió en la Universidad de Puebla (después UAP-1956, actualmente BUAP-1987).

En 1938 había nacido el Instituto Oriente (9 poniente 1508) un colegio de inspiración jesuita que comenzó a impartir estudios de bachillerato, que hasta ese momento solo se podían cursar en la preparatoria de la universidad.

Cuando sus primeras generaciones egresaron algunos alumnos ingresaron a la Universidad de Puebla y, por su creencia religiosa, se encontraron ante un ambiente hostil, no solo de compañeros también de maestros. La misma suerte corrieron los estudiantes provenientes de otros colegios católicos, como el Colegio Benavente.

Estos estudiantes habían sido instruidos con una sólida formación católica que los llevó a defender su fe en los salones de clase. Además, se les sumaron profesores y compañeros que también se sentían agredidos, como los egresados de los colegios Humboldt y Americano, que no eran de colegios católicos.

Para 1952, estos estudiantes encabezaron un movimiento importante para lograr la autonomía de la universidad, que hasta ese momento había sido controlada por el gobierno. También surgió el grupo de pensamiento liberal que más tarde se conoció como “carolinos”.

El comunismo avanzaba por el mundo y los estudiantes entendieron la amenaza que este régimen representaba si llegaba a Puebla, entonces se unieron. En el libro “Autonomía Universitaria. Génesis de la UPAEP”, editado por la institución, se lee:

Decenas de alumnos de la Universidad de Puebla decidieron unir esfuerzos y formar el ´Frente Universitario Anticomunista´ (FUA), que se dio a conocer a la ciudadanía el 19 de abril de 1955 (…) Este organismo estudiantil, captó la simpatía de buena parte de la sociedad poblana, porque si bien es cierto que resaltaba su decidida oposición al avance comunista (…) presentaba una serie de propuestas realistas en torno al ´deber ser´ de la institución universitaria, destacando entre ellas precisamente la autonomía de la universidad”.

Los alumnos que emprendieron y encabezaron esta lucha, lograron que la XXXIX Legislatura del Estado de Puebla aprobara la Ley Orgánica que convirtió a la institución en Universidad Autónoma de Puebla (UAP), el 22 de noviembre de 1956. Noticia que, oportunamente, fue dada a conocer por esta casa editorial, El Sol de Puebla.

A partir de este momento, la Universidad Autónoma de Puebla tuvo una vida académica de excelencia y fue catalogada como una de las universidades más importante de América Latina.

Fuerte movimiento estudiantil

El comunismo avanzaba a pasos agigantados, en el libro se lee que en mayo de 1960 un grupo de estudiantes poblanos fueron enviados a Cuba para, básicamente, capacitarse en estrategias de agitación y propaganda, así generar una lucha de clases e implementar un régimen marxista.

La estrategia de masones y comunistas tenía como primer objetivo controlar la Universidad Autónoma de Puebla, para desde ahí generar un clima revolucionario que se extendería a todo el país. Esto fue disfrazado bajo una supuesta “reforma universitaria”.

“Se dio un movimiento estudiantil bien fuerte. De las ideas pasaron a las manos, después surgieron las armas, entonces corrió sangre y hubo muertos. Es una historia de terror pero las evidencias hemerográficas ahí están. Al grito de ´ahí vienen los estudiantes´ los negocios tenían que cerrar porque eran vandalizados”, expone el maestro Carlos Álvaro Castro Mendoza, responsable de investigación histórica de la memoria de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

“Había mucha violencia, podías estar en el salón de clases y de repente llegaban lo que se llamaban comité de lucha y empezaban los balazos, a ese nivel, hubo estudiantes muertos. El FUA jamás se manchó las manos de sangre. Se peleaban y se mataban entre los liberales y comunistas”, agrega.

A la primera manifestación que convocó el FUA asistió una buena parte de la sociedad y fue pacífica, pero llegó un grupo de carolinos a tratar de disolverla y fueron repelidos. El líder no se quedó contento y al otro día fue a reclutar estudiantes de secundaria para ir a apedrear el Colegio Benavente.

“Llegó el ejército y ¿qué cree que hizo?, les dio permiso de apedrear el colegio durante 10 minutos. Ahí tengo las fotos de los estudiantes apedreando y el ejército cuidándolos. Y todavía en la tarde estos cínicos pusieron una demanda de que ellos habían sido agredidos. Incluso, el edificio de El Sol de Puebla fue incendiado por este grupo de liberales porque la línea de sus publicaciones no era favorable para ellos”, señala.

Los liberales y comunistas buscaban cualquier pretexto para la agitación. Así transcurrió toda la década de los sesenta. Incluso, el movimiento estudiantil de 1968 en la ciudad de México tuvo repercusiones en todo el país. Los estudiantes vivían una lucha popular que cuestionaba el sistema capitalista.

La sociedad ya estaba cansada de la violencia e intranquilidad en la que se vivía en Puebla, además, la industria requería profesionales competentes y en este escenario de violencia, el estudio se volvió una tarea difícil.

“La industria y el comercio comenzó a sufrir la falta de profesionales de calidad. Había demanda, como el caso de ingeniería química, que básicamente fue apoyada por la industria poblana, porque no había personal calificado para ir a ocupar los puestos”, dice.

“La sociedad poblana se organizó y formó el Comité Permanente de la Ciudadanía Poblana. Estaba integrado por una gran cantidad de sectores, incluso, podríamos pensar incompatibles, porque lo mismo había grupos empresariales que sindicales, padres de familias, colegios de profesionistas, asociaciones de barrios y colonias, y ONG”, detalla.

Nace de una lucha universitaria

El 4 de junio de 1965 se inició la construcción de Ciudad Universitaria (CU) y cuatro años más tarde, en enero de 1969, la comenzaron a poblar los estudiantes. Así se descongestionó el Edificio Carolino.

“Entre las escuelas que se fueron a CU estaban la de Arquitectura y Administración de Empresas. La violencia continuaba y los alumnos comenzaron a manifestar la intención de independizarse como escuelas. Para la década de los setenta, el FUA dio la lucha tratando que la universidad conservara su esencia académica, entonces maestros y autoridades se unieron a los estudiantes”, dice.

Castro Mendoza refiere que en 1973, la universidad abrió inscripciones de las mismas carreras tanto en el Carolino (marxistas), como en CU (directores de las escuelas). Se generó nuevamente descontento y se recrudeció la violencia contra los alumnos que tomaban clase en Ciudad Universitaria.

“En enero de 1973, los estudiantes de Arquitectura y Administración de Empresas de CU plantearon la necesidad de que hubiera una nueva universidad. Pero en Puebla no existían leyes que permitieran la presencia de universidades particulares. Solo existía le ley orgánica de la Universidad Autónoma de Puebla. Al no existir la ley, en teoría no había la posibilidad de fundar una universidad”, explica.

“Después de 12 años de lucha y resistencia, los estudiante tomaron la decisión de abandonar las aulas. Las agresiones habían crecido, había mucha gente asesinada y se dieron cuenta que los siguientes muertos iban a ser ellos. Con el apoyo moral del Comité Permanente de la Ciudadanía Poblana, decidieron fundar una nueva universidad. Fue por ahí de febrero que abandonaron CU, pero siguieron con sus clases en la calle. Tengo fotos donde hay alumnos tomando clases en Reforma entre la 9 y 7 sur, donde antes era la sede del gobernador”, subraya.

Los estudiantes eran instruidos por los mismos profesionistas que les daban clase en la universidad y que los apoyaban. No solo tomaron clase en la calle, también hubo familias que valientemente prestaban sus casas arriesgándose a que llegara el comité de lucha a balear o apedrear. Incluso hubo profesores que abrieron sus despachos y oficinas para recibir a sus alumnos.

Pero los estudiantes no podían seguir así, entonces comenzaron a buscar un lugar para establecer la universidad. Una tarea nada fácil considerando que no tenían recursos y los arrendatarios no querían trifulcas en sus inmuebles.

“Fue hasta que la familia Gómez Castillo, valiente y generosa, le prestó a los estudiantes el rancho de la Noria que estaba semi abandonado y era una zona ejidal. Los alumnos se fueron a estudiar a las orillas de la ciudad, cuando en aquel entonces el transporte público llegaba cuando mucho a la 31 Poniente”, detalla.

“De acuerdo a los testimonios que he recogido, calculo que fue a mediados del mes de abril que tomaron posesión de la Noria. Los alumnos se pusieron a limpiar los gallineros y cuartos del rancho, sacaron la basura, repellaron, pintaron, arreglaron instalaciones eléctricas e hidráulicas para que funcionaran los baños y así se comenzó a hacer la universidad popular”, agrega.

Las Águilas UPAEP

El 7 de mayo de 1973, se llevó a cabo la ceremonia oficial de inauguración de la Universidad Popular Autónoma de Puebla (UPAEP) en sus instalaciones ubicadas en el rancho La Noria. Estuvieron presentes más de cuatro centenares de alumnos y maestros fundadores, además de empresarios y autoridades militares.

“Se constituyó un patronato rector que es una asociación civil sin fines de lucro cuyos miembros son honoríficos y temporales, hoy se le llama Junta de Gobierno y es la máxima autoridad de la universidad. En ese entonces se nombró a uno de sus integrantes como figura principal, el ingeniero Vicente Pacheco Ceballos, era el secretario general. Al principio la asociación se llamaba Ciencia y Cultura, A.C., ahora es UPAEP, A.C.”, advierte Castro.

“Unos días antes, los carolinos penetraron en el desfile obrero (1° de mayo) y terminó en bronca. Se pelaron con la policía en el zócalo y de ahí se fueron al Carolino. Resultado: 4 estudiantes muertos y más de una decena de policías heridos. Don Gonzalo Bautista era el gobernador y se le ocurrió acusar a las autoridades universitarias. Lo llamaron a la ciudad de México y dentro del presidencialismo que había, lo renunciaron. Entonces no pudo estar presente en la inauguración de la UPAEP”, añade.

El gobernador interino fue Guillermo González Blumenkron, quien había sido Senador de la República y radicaba en la capital del país, llegó a Puebla unos días antes de la fundación de la UPAEP. Se le preguntó si asistiría a la ceremonia y su respuesta fue: “Y crear otro monstruo más, ni loco”.

“Pero don Guillermo no había vivido el problema de los universitarios en Puebla. Para 1974, ya se había dado cuenta y le dijo al patronato: ´Al fuego se le combate con fuego´. Uno de sus últimos actos de gobierno fue la presentación de la ley de Educación Media y Superior al Congreso del Estado, que se aprobó en 1974. Esta ley que logró la lucha de la UPAEP es la que le ha dado reconocimiento a todas las universidades poblanas. Lo que quiero decir es que la educación superior en Puebla tiene un antes y un después de la UPAEP”, sentencia.

La UPAEP nació sin reconocimiento oficial, pero gracias a la ayuda solidaria de la sociedad en su conjunto y a los deseos de tener una casa de estudios con capacidad de autodeterminación y de autogobierno, en 1974, se promulgó la ley que oficializó su programa de estudios.

“Los padres de familia confiaron en una universidad que no tenía ni bancas, ni instalaciones, ¡ni estudios con validez! La institución se fundó con un esquema de solidaridad, todos ayudaban como podían, incluso, los profesores dieron clases durante décadas ´sin cobrar´, y eran profesionistas brillantes y consolidados que no solo no cobraban, sino que dejaban de ganar al venir a impartir sus materias. Tampoco teníamos laboratorios, yo estudie ingeniería química y mis prácticas de laboratorio eran en las empresas donde trabajaban mis maestros. Era un efecto multiplicador del modelo de solidaridad social de la institución”, asegura.

A cuatro meses de su fundación, en septiembre de 1973, se abrieron otras cinco carreras, incluyendo la escuela de medicina, sin clínicas ni laboratorios. De preparatoria se abrieron dos turnos y tres grupos.

La UPAEP comenzó a crecer y en 1975 se adquirió un edificio en la 9 Poniente 1508 (que había sido la prepa del Instituto Oriente), después otro en la 9 Poniente y 17 Sur, y para 1978, se compró el edificio del campus principal en la 21 Sur 1103 (antes primaria del Instituto Oriente) y se dejó la Noria, donde estaba la preparatoria.

“Ahora había que pagar el edificio de la 9 Poniente 1508 entonces se empezó una campaña financiera y se nos pasó a la charola a los alumnos. En aquel momento se hizo algo que se llamó bono universitario, era un pago que los alumnos de reciente ingreso hacían además de pagar la inscripción y la colegiatura. A lo mejor era diez veces más, pero esa cantidad la dábamos en préstamo y cuando egresábamos nos la regresaban a cuenta de los gastos de titulación. Esta idea permitió pagar este préstamo y comprar el edificio de la 21 Sur, cuando nuevamente pasaron la charola a los estudiantes”, recuerda Castro Mendoza.

“La sociedad se solidarizó mucho con la institución, la gente apoyaba con lo que podía. Un día tenía clase de 7 de la mañana con un profesor, que a la hora en punto cerraba la puerta y ya nadie entraba. Yo vivía en Analco que en ese entonces era hasta el otro lado de la ciudad, se me hizo tarde y decidí gastar mi mesada en un taxi porque no podía faltar a esa clase. Pedí que me trajeran a la 9 poniente y cuando llegamos le pregunté al señor cuánto debía, él se volteó y me preguntó: ¿Tú eres alumno de esa institución?, le dije sí, me dijo: No me debes nada, esta es mi colaboración para esta universidad”, puntualiza emocionado.

50 años después, la universidad que inició con dos carreras actualmente ofrece 45 licenciaturas, además, tiene 137 programas de posgrado, más preparatoria y educación escolarizada; cuenta con educación online. Tiene presencia en Puebla, Tlaxcala y Tehuacán. Es la única universidad mexicana que ha puesto un nano satélite en el espacio junto con la NASA.

El escudo de la UPAEP fue diseñado por el arquitecto Jesús Corro Ferrer, quien fue de los profesores fundadores de la Escuela de Arquitectura. En él, plasmó un águila que tiene una doble significación: Identifica a la comunidad con los valores nacionales y habla de un espíritu libre que se eleva a las alturas en búsqueda de la verdad.



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Gabriel Molina Duran

Sumergido en el océano de las palabras y el arte de la creación, soy Gabriel Molina Durán, un Experto en Elaboración de Contenidos que da vida a ideas y las moldea en historias cautivadoras. Mi formación en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria nutrió mi pluma con el néctar del conocimiento. Como un alquimista de las letras, mis escritos se despliegan desde las problemáticas ambientales hasta los senderos de la educación y el aprendizaje, desde los engranajes del mundo empresarial hasta los anales de la historia y los secretos de la salud. Con una pasión que late en cada línea, me sumerjo en el mundo del fitness, donde la vitalidad se convierte en tinta. Cada palabra es un lienzo de autenticidad, tejido con el hilo de la transparencia. Te invito a acompañarme en esta travesía donde las letras se entrelazan para formar historias cautivadoras, donde el aprendizaje es un faro y donde la salud y el bienestar son nuestro lema.

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