Historia

El paraninfo de la universidad donde Concepción Arenal estudió vestida de hombre y boicotearon a Pardo Bazán – El Periódico de España


Al subir desde Gran Vía, dejando atrás los edificios principales del Ministerio de Justicia, destaca una brillante puerta blanca con ornamentos en metal dorado. Da entrada al Paraninfo de San Bernardo de la Universidad Complutense de Madrid, un majestuoso salón de actos de grandes dimensiones y con laterales elípticos que fue decorado por dos grandes maestros del siglo XIX: Joaquín Espalter, pintor e ilustrador que llegó a ser director del Museo del Prado, y Ponciano Ponzano, el escultor que también moldeó los leones del Congreso y los adornos de la entrada a la iglesia de los Jerónimos, en la propia capital.


Estos dos artistas hacen diferentes alegorías de cada una de las materias que se impartían en la Universidad Central, pero también de personajes históricos. Entre esas imágenes, destacan especialmente dos, la de Isabel II, que era la reina en aquel momento, y la de Isabel la Católica, en contraposición. “Se quería hacer ver que Isabel II, que acababa de llegar al trono, sería tan importante como fue Isabel de Castilla“, apunta Álvaro Llorente, fundador de la empresa Madrid en la palma de tu mano y autor del libro Madrid no apto para guiris (Ediciones La Librería, 2022). 

Los arquitectos que idean este Paraninfo son, Francisco Javier Mariategui, “reconocido, reputado y de cierto interés”, dice Llorente, y Narciso Pascual Colomer, que lo concluyó y que es a su vez el autor del mismo Congreso de los Diputados. Por eso, “la forma que tiene y la estética nos pueden recordar incluso al salón de plenos”, añade. Este salon de actos lo utiliza actualmente la Universidad Complutense para otorgar los títulos honoríficos de doctor honoris causa, para abrir y cerrar los años universitarios y para otros eventos del rector y de los órganos de dirección, como asambleas, u otras reuniones institucionales.

Figuras ilustres de la Universidad Central

A la Universidad Central asistieron, como estudiantes o profesores, varias de las mejores mentes del diglo XIX español. Una de las figuras que sobresale, precisamente por lo que le costó formarse en sus aulas, es la de la periodista y pensadora Concepción Arenal. Para poder recibir las lecciones, tuvo que disfrazarse de hombre, porque, como les ocurrió a otras grandes mujeres de su época, sus posibilidades de estudiar en la universidad se vieron truncados por prohibiciones discriminatorias.


“Por eso, precisamente, ella siempre tuvo un acicate y está perfectamente documentado que entró a la Universidad Central a formarse caracterizada como un hombre. Lo curioso es que no se descubrió hasta tiempo después y, cuando ella ya había asistido a clases, se descubrió el pastel y le hicieron un examen para probar su valía”, narra Llorente. Finalmente, lo superó de forma notable y tuvieron que hacer con ella una excepción, que le permitió terminar sus estudios. “Fue la primera mujer que pudo estudiar en esta universidad, pero de tapadillo”, agrega. Después de ella, ya sin disfrazarse, lo hizo María Elena Maseras Ribera, médica, la primera universitaria española. 

La experiencia de la escritora Emilia Pardo Bazán también fue complicada. Con sus clases de la cátedra de Literaturas Neolatinas Contemporáneas, se convirtió en la primera profesora de esta universidad. El resto de profesores, sus compañeros compañeros, y sus alumnos le hicieron “un boicot tan tremendo que solamente duró dos años dando clases”, manifiesta este experto en la historia menos conocida de la capital. “Nadie quería ir a sus clases, porque si no el resto de profesores les iban a castigar en sus correspondientes materias”. Sólo tres alumnos apostaron por ella, pero no fue suficiente y volvió al Ateneo de Madrid. Hasta los años 60 del pasado siglo, esta institución educativa no tuvo profesoras de ese nivel, cuando otras dos mujeres ocuparon cátedra en carreras de Humanidades.

Benito Pérez Galdós también estudió es San Bernardo Derecho. “Lo de estudiar lo podemos decir entre comillas, porque prácticamente no asistía a las clases y no puso demasiado interés”, bromea Llorente. Además, pasaron por allí personalidades de la talla de Giner de los Ríos, Emilio Castelar, María Zambrano, la primera mujer en obtener el premio Cervantes, u Ortega y Gasset. El fundador de Madrid en la palma de tu mano subraya que, curiosamente, ni Santiago Ramón y Cajal ni Gregorio Marañón llegaron a dar clase en este lugar, aunque sí fueron profesores de la Universidad Central, “ya que las únicas materias que no acogía el campus de San Bernardo eran las propias de las facultades médicas, que se impartían en la calle Santa Isabel, donde se encuentra el Colegio de Médicos, muy cerca de Atocha”. 

Antigua Universidad de Alcalá de Henares

Pero, mucho antes de ser Paraninfo, este edificio de la calle San Bernardo, 49, sirvió de centro de formación de religiosos. Las primeras noticias que se conocen del lugar en el que actualmente se ubica el Paraninfo hacen referencia a “unas casas de poca categoría que había en la calle San Bernardo, llamada, en aquel momento, la calle ancha de San Bernardo”, dice este gran conocedor de Madrid. Posteriormente, fueron compradas por la marquesa de Camarasa, que no vivió en ellas, sino que las unió en un conjunto para que se pudiera ubicar allí el famoso Noviciado de los Jesuitas, que da nombre a la parada de metro y a la calle aledañas a este ilustre edificio de fachada sobria.


“Ahí estaba el lugar de enseñanza, de iniciación, de los Jesuitas en Madrid. Era uno de los edificios más grandes que había en la zona”, apostilla Llorente. Cuando en tiempos de Carlos III se expulta a los jesuitas de España, el Estado incauta ese edificiom que sólo se apropia de él durante un tiempo, para luego devolvérselo a la Compañía de Jesús. En 1836, con la Desamortización de Mendizábal, termina volviendo manos del Estado y es entonces cuando se traslada la Universidad de Alcalá de Henares a Madrid capital, ya bajo el nombre de Universidad Central. Se toma este edificio como referencia, como el lugar principal para la enseñanza de diferentes materias.

A pesar de que la marquesa de Camarasa fue importante en la historia de este edificio, “el personaje principal es el marqués de Valdecilla, Ramón Pelayo de la Torriente“. Nacido en Cantabria en 1850, se traslada a Cuba de joven para emprender en varios negocios. “Va subiendo poco a poco en el escalafón, tanto económico-administrativo como social, hasta que consigue un filón tremendo con la industria del azúcar”, ilustra el fundador de Madrid en la palma de tu mano.

Todo el dinero que amasó lo destinó a varias fundaciones de carácter benéfico y “se cuenta que una de las principales aportaciones que realizó fue para costear prácticamente el Palacio de la Magdalena, en Santander”. Era amigo personal y colaborador muy directo del rey Alfonso XIII y, cuando este decide construir la Ciudad Universitaria, en Moncloa, el marqués de Valdecilla “aporta muchísimo dinero, se dice que una cantidad desorbitada”, indica, para construir y dotar de equipamientos a muchos de los edificios de San Bernardo.

Se le dedicó, por ello, una placa y la biblioteca histórica Marqués de Valdecilla, que “guarda los documentos más importantes de la Universidad Complutense”, afirma Llorente. Algunos de ellos tienen que ver con la fundación de la propia universidad en Alcalá de Henares. Otros son incluso más antiguos. “Se guardan incunables, planos, textos históricos de primer nivel, muchos de ellos perfectamente conservados. Su labor fue importantísima desde el punto de vista filantrópico”, sostiene. 

Posteriormente, y antes de la guerra, se traslada la institución educativa a la nueva Ciudad Universitaria, por el proyecto de Alfonso XIII, porque “quería dar un sentido de campus universitario a la americana“. “Se quiere modernizar el país y los edificios que había en San Bernardo eran vetustos. No había apenas investigación, laboratorios ni zonas habilitadas para una profesionalización de la universidad, como se pretendía”, concluye el autor de Madrid no apto para guiris

Este reportaje forma parte de una serie, ‘Monumentos escondidos de Madrid’, de la que EL PERIÓDICO DE ESPAÑA publica una entrega cada semana de agosto de 2023.



Source link

Gabriel Molina Duran

Sumergido en el océano de las palabras y el arte de la creación, soy Gabriel Molina Durán, un Experto en Elaboración de Contenidos que da vida a ideas y las moldea en historias cautivadoras. Mi formación en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria nutrió mi pluma con el néctar del conocimiento. Como un alquimista de las letras, mis escritos se despliegan desde las problemáticas ambientales hasta los senderos de la educación y el aprendizaje, desde los engranajes del mundo empresarial hasta los anales de la historia y los secretos de la salud. Con una pasión que late en cada línea, me sumerjo en el mundo del fitness, donde la vitalidad se convierte en tinta. Cada palabra es un lienzo de autenticidad, tejido con el hilo de la transparencia. Te invito a acompañarme en esta travesía donde las letras se entrelazan para formar historias cautivadoras, donde el aprendizaje es un faro y donde la salud y el bienestar son nuestro lema.

Related Articles

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Back to top button