Historia

Salomón Bazbaz Lapid | La salvaguardia del patrimonio vivo – La Jornada Maya


Durante la década reciente he recorrido la península de Yucatán para dialogar con portadores culturales, colaborar con agencias internacionales, desarrollar labores de consultoría y, sobre todo, colaborar en la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial del pueblo maya.

A partir de dicha experiencia, comparto la siguiente perspectiva del contexto patrimonial, la realidad coyuntural y las acciones necesarias para la salvaguardia del patrimonio vivo.
 

Contexto Patrimonial

En una reunión con abuelos, lanzamos la pregunta: ¿Qué es patrimonio?

—Lo que nos legaron nuestros ancestros —dijo don Agustín.

—Lo que legaremos a nuestros hijos —dijo don Manuel.

Ambos tienen razón y marcan el principio de lo patrimonial: lo nuestro, lo que transmitimos y lo que recibimos; aquello nos explica de dónde venimos y nos recuerda hacia dónde vamos. Lo que viene de nuestros ancestros y va hacia nuestros descendientes.

Para distinguirlo del patrimonio material y el natural, el patrimonio vivo o patrimonio cultural inmaterial (PCI) se identifica en las prácticas sociales, culturales, simbólicas y cotidianas de las personas. 

En esta categorización del PCI destaca la cultura maya. Los mayas conforman un pueblo de paz que ha mantenido su cultura y sus tradiciones gracias a su profundo conocimiento de la naturaleza, el cosmos y el territorio. De este vínculo con lo terrenal y lo astronómico, derivan las prácticas rituales que se visibilizan, por ejemplo, en las fiestas patronales alineadas a los ciclos de la naturaleza. Así, la relación privilegiada y armónica es lo que le da consistencia y profundidad a la relación contemporánea, histórica y espiritual de la comunidad.

Prueba de ello es que en la península convergen más de noventa manifestaciones del patrimonio vivo: la lengua maya t’aan y las lenguas mayenses, la cocina tradicional, la milpa maya, la vaquería, la jarana, las celebraciones religiosas –destacando la Santísima Cruz–, la casa maya, la pintura, el arte textil, las fiestas patronales, el hetzmek, el janal pixán, la meliponicultura y las artesanías, entre muchas otras.

 

Realidad coyuntural

Alguna vez le pregunté a un abuelo: ¿Por qué la península de Yucatán es la región más segura del país?

—No es cuestión de armas ni de operativos, es del espíritu y del corazón, los mayas somos un pueblo de paz —contestó.

Los mayas han resistido los embates de la globalización de diferente manera y a diferentes tiempos, no es lo mismo la realidad de Mérida que la de Tixcacal Guardia, o la de Hopelchén, cada una tiene diversas problemáticas y ha tenido que adaptarse en diferentes momentos. Hace 150 años Mérida era una ciudad cosmopolita y Tulum era de la Nación Maya independiente. Hace tan sólo medio siglo cambiaban una hectárea del desierto de Durango por una con playa en el Caribe Mexicano.

Actualmente, la región maya se debate entre la dicotomía, donde unos quieren mantener las formas de la su cultura milenaria y seguir viviendo en sus comunidades, y los que migran a la Riviera o a otro lugar a conseguir sustento para hacerse de un futuro, porque en su pueblo no hay posibilidades. Esto, sin obviar los efectos directos e indirectos de la globalización, las iniciativas regionales y las transformaciones estatales.

En esta confluencia histórica, el patrimonio es una oportunidad para cohesionar socialmente y refrendar la identidad cultural de la península.

 

Acciones para la salvaguardia

Es esencial hablar de la visión holística que debe regir los procesos para integrar los valores culturales, los recursos naturales, los aspectos sociales y los procesos económicos de la zona que posibilitan acompañar, de manera eficaz, el resguardo del patrimonio en todas sus dimensiones.

La tarea de salvaguardia del PCI es responsabilidad de todos los sectores y debe comprender las siguientes acciones:

Impulsar programas para involucrar activamente a los pueblos originarios con su patrimonio vivo. Diagnósticos previos participativos, donde quede claro qué se quiere compartir.

Puntualizar el respeto, en todos los sentidos, de los derechos culturales de los pueblos y de sus derechos intelectuales y colectivos.

Desarrollar procesos generales y por región, ya que existe una gran diversidad de manifestaciones diversas, que se acentúan más en algunas regiones. Buscar esas especificidades y potenciarlas.

Impartir talleres de PCI y turismo responsable a las diversas manifestaciones que quieran compartir su patrimonio en la región, para crear una narrativa que beneficie a los portadores y dé cuenta de su importancia para los visitantes.

Visibilizar mapas y crear rutas de patrimonio vivo, donde los visitantes puedan visitar las comunidades y los espacios de creación y venta con respeto y justicia.

Fortalecer las capacidades de las comunidades para mantener la esencia de sus manifestaciones, mejorar su discurso y perfeccionar sus productos.

Crear espacios de convivencia y transmisión cultural en las comunidades.

De acuerdo a las celebraciones y Fiestas Patronales, realizar un calendario, para que los visitantes las puedan conocer, previo acuerdo con las comunidades. 

Propiciar intercambios de saberes entre los portadores y agentes culturales de la región.

Alinear los programas federales y estatales de cultura en la región para beneficio del PCI y sus portadores.

Establecer programas que vinculen el Patrimonio Cultural Inmaterial, con el patrimonio material y el patrimonio natural.

Promover colectivos, consejos o asociaciones para que los beneficios económicos se dispersen en las comunidades.

Crear una agenda común con los diversos actores de las comunidades, la sociedad civil, la academia, la iniciativa privada y los gobiernos para que éste sea un vehículo de la Agenda 2030 y sirva para la concreción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 

Incentivar la documentación y difusión de los saberes relacionados con el manejo del agua en la cultura maya, que incluye la gestión de los acuíferos y cenotes, las ceremonias de trabajo espiritual, las leyendas y el Chac chac.  

Impulsar el reconocimiento y la valoración de los conocimientos indígenas sobre la naturaleza y el Universo de las comunidades presentes en las Reservas de la Biósfera de los Bosques tropicales protegidos de Calakmul, Ría Celestún, Sian Ka’an, Banco Chinchorro e Isla de Cozumel es indispensable para mitigar los efectos y afectaciones que trae el progreso y el cambio climático.

Es el momento de sumar experiencias, expectativas, esfuerzos que nos permitan formalizar la perspectiva para la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial del Pueblo Maya de México. 

El futuro es optimista, no sólo por la inmensidad de patrimonios vivos que existen en la península, sino también por el involucramiento de jóvenes mayas que están muy preparados y buscando nuevas alternativas de salvaguardar su Patrimonio en conjunto con sus familias y sus comunidades.

 

Edición: Estefanía Cardeña



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Gabriel Molina Duran

Sumergido en el océano de las palabras y el arte de la creación, soy Gabriel Molina Durán, un Experto en Elaboración de Contenidos que da vida a ideas y las moldea en historias cautivadoras. Mi formación en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria nutrió mi pluma con el néctar del conocimiento. Como un alquimista de las letras, mis escritos se despliegan desde las problemáticas ambientales hasta los senderos de la educación y el aprendizaje, desde los engranajes del mundo empresarial hasta los anales de la historia y los secretos de la salud. Con una pasión que late en cada línea, me sumerjo en el mundo del fitness, donde la vitalidad se convierte en tinta. Cada palabra es un lienzo de autenticidad, tejido con el hilo de la transparencia. Te invito a acompañarme en esta travesía donde las letras se entrelazan para formar historias cautivadoras, donde el aprendizaje es un faro y donde la salud y el bienestar son nuestro lema.

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